miércoles, 29 de mayo de 2013

Canto al Horror

Postrado silencioso e hipócrita, instalándose en las cortezas degradadas. Es el llanto del alma y el lúgubre festín del olvido, es el pintor de la violencia heredada… cuando las crías recién parten de las vulvas sangrantes se esfuerza para que nunca más estén seguras, viola y golpea sistemáticamente, se parte de la risa enseñando sus amarillos dientes al ver la segregación y la indiferencia entre los seres…  

Vocifera día a día a todos los vientos que el semejante ¡no importa!, ¡que los modestos no importan!, ¡que los distintos no importan!, ¡que la servidumbre no importa! Le susurró al oído a Heidegger que el ser se olvidaría del ser y tenía el soplo de su voz lleno de razón… los chiquillos del hambre son para las postales de los noticieros burgueses y para realidades sin importancia… sus maestrías son la violación al amor y el abuso de poder, es el porrazo a la ternura en el vaivén de la historia… crece y se reproduce rápidamente en palacios y en hechizas de fuego, en la marginación y en los golpes nucleares al corazón del mundo mientras no pierde tiempo esparciendo estiércol; para alimentar a los patéticos continentes olvidados…

Dios ha muerto gritó en el oído del sabio y loco sifilítico… es un magno hacedor de guerras y pestes, de conflictos y sequillas. Es el silencio que devora a la verdad y la codicia que alimenta las traiciones…  escupe excremento fascista y genocida, es el vil comerciante de los hombres y la eyaculación que golpea a féminas y machos, es neo liberalismo burdo y pusilánime de militares y machos cabríos con balanos hinchados y rasgados por las violaciones a la bondad y a los pueblos… es psicoanálisis para el control mental… 

La soberbia terrenal y el servilismo ocasional, su religión dogmatica adora a la sangre, al lucro y a las inquisiciones… moldeando la justicia y machacando con bombardeos nucleares a la verdad, la ganancia lo es todo sin importar nada más… sonríe vulgarmente postrando a sus siervos a sus pies como un Dios, como un Dios de la guerra que canta himnos de batallas y de sangre esparcida por civismo y por una bandera… es así tan deforme, es así tan humano.   

lunes, 6 de mayo de 2013

El Circo del Arte

La carpa del circo alegórico es inmensa /es plástica e ilustrada, / y ahí nos postramos sonrientes y nerviosos / esperando a que los diversos críticos / y editores nos escuchen, nos acepten, / nos atiendan y quizá solo quizá; que nos lean / con sus lupas intelectuales / y su aburrimiento moldeado y / sus celos inherentes para / Poder entrar al club, al selecto, / al fino, al florido, al intelectual club / donde reinan los distintos cocteles, / donde se grita con algarabía que somos / hijos de homero y Ovidio, /de Da Vinci y Miguel Ángel / o de Monét y van Gogh, / donde el vino es / una pieza infaltable en los artistas y / entes sofisticados que visten / con distintas túnicas de identidad / hippie, de identidad post moderna, / de identidad erudita, tan falsas…

Exhibiciones de arte por el arte, /arte menudamente sofisticada, / arte cada vez más elitista / cada vez menos humana, / digna de esta época tecnolátrica, / digna de esta época de crisis cultural, / espiritual y artística / y entonces nos volvemos tan engreídos, / tan absurdamente geniales / fanfarroneando de complejos temas, de / grandes creaciones nuestras / Si, con demagógicas homilías de nuestras / desdeñables obras, de nuestras absurdas/ realizaciones creadas  por  nuestras / torpes manos y nuestros cerebritos, / cerebros tan geniales, tan universales, / tan únicos, tan limitados…

Y nos embriagamos como artistas, / y nos dopamos como artistas, / y es que así hemos escuchado / que lo hacía Poe, Mozart, Bukowski y Dalí / y entonces; nos volvemos catadores y devotos de las artes expuestas / en clubes ostentosos y menospreciamos el arte / más vernácula de nuestra tierra / y morfinómanamente no logramos discernir / entre el arte y el entretenimiento / y donamos nuestra almas a editores / conservadores que se burlan de ellas / pues priorizan en nombres reconocidos y / temen competencia ante la búsqueda del arte, / y por ello respondemos de la misma forma / a los novatos que van surgiendo.

Y es que somos los santos / artistas de un país olvidado / por dios y por el mundo, /olvidado por las musas y sumergido en sangre, / donde las elites dominan el arte / para controlar el discurso / pues así debe ser, entonces nos transformamos en / una generación maldita de payasos / sin identidad, sin cojones, sin talento, / con muchas ínfulas, con muchos / plagios al arte europea, / al arte oriental, con críticas de risa, / de eruditos de escritorio, de eruditos apolíticos, / los eruditos son esos niños pretenciosos que saben todo / Pero no saben nada de la vida…

Yo ya no quiero más criticas constructivas para / nosotros, los artistas y los críticos / de la gran Guatemala, / Para el país que exilia a los grandes artistas / yo quiero una crítica destructiva, / eso pido destruir, destruir y tres veces destruir / la lisiada y menuda materia chueca / que hoy por hoy se ha adueñado del arte / y que varios consumen / mientras nos atoran con vino y queso / Por eso de que la creación no sea / Suficiente, en este país de la enorme carpa / Azul blanca y azul.

Seguiremos soberbios, adquiriendo anteojos cada / vez más grandes, gozando de cocteles / sociales, creyendo que el / arte nace en las galerías pomposas, /cuando realmente / nace en las esquinas de los barrios olvidados / y en el clamor de su gente, / y en el modesto pincel de aquel solitario / pero no lo entendemos porque somos tan / autoritarios y excluyentes / siendo tan risibles para los dioses, / siendo tan artistoídes en el holocausto de la creación / distorsionando al arte, plagiando al arte / y poco a poco haciendo lo que mejor /sabemos hacer; sometiendo al arte / a un horrible genocidio…




sábado, 20 de abril de 2013

Mi Urbe



Mi urbe y sus ritos convulsos,
Sus ferias de tristezas y de bullicio apagado,
mi urbe como garrick perenne que
ríe llorando, que solloza y ¿cómo no?, 
Si es urbe de niños tatuados de hambre
que escupen balas en cualquier esquina olvidada,
si es una urbe sádica golpeándose
 con látigos de cuero negro,
de realidad negra, de devenir negro y de racismo blanco,
urbe alcahuete, consentidora y tolerante
con las vejaciones envenenantes y anacrónicas…

Como un laberinto sin salida, así se concibe esta urbe,
cual corazón humano ardiendo en una rustica parrilla,
visera que aún late mientras arde en ese fuego encendido
por la misma urbe…
aquella tan contradictoria, tan paradójica, tan incoherente,
tan bipolar, tan triste, tan melancólica y tan jodida,
tan precaria y tan pomposa, tan autentica y tan falsa
tan armada y tan hambrienta, tan armada y tan hambrienta,
urbe vendida y prostituida a los aristócratas del dinero,
al imperio y a esa excreción que es la inconsciencia…
mi urbe y sus bocinas de robotismo, de barrios enjaulados,
de eyaculaciones en esquinas, de esperanzas tenues,
de ínfulas arias, de comerciantes del hambre,
de noches de domingo desesperanzadoras,
 de mediocridad feudal, de segregación sistematizada,
 de nicotina consumista, de verdugos de conciencias,
nuestra urbe transcurre, bajo la sombra de nuestros gemidos.




Perfil mestizo de ciudad

 

El mestizo, Don Borrego de la ciudad, el presuntuoso clase mediero, el peón de la finca de los verdaderos burgueses a los que admira y los que casi le excitan (la oligarquía); aquel que se las ha visto de palitos varias veces para llegar a fin de mes pero que, sin embargo, compra diversas cosas que le aprietan más la billetera ya que sólo así puede librarse de que la opinión pública se entere que vive cómodamente más que su vecino (quizás sí, o quizás sólo lo aparente), quien no es más que su competencia a la hora de ver quién tiene más y mejores juguetes para adultos, su competencia de estatus, de ciertos lujos. Ese mestizo que se hace llamar ladino, el mismo que califica a los demás de “choleros, shumos, mucos, igualados, putas, huecos”; el que publica en redes sociales donde está comiendo, defecando o bailando siempre y cuando que el lugar donde se encuentre sea un lugar elitista, ¡claro que sí!

Aquel mestizo que más de una vez ha publicado en su “feisbuc” alguna foto de un indígena, con intención de chiste o burla por el simple hecho de que es indígena; sí, ese mestizo que se siente bien con su humor y su pedestre utensilio del ignorante racismo. El mismo peón de ciudad que se ríe, burla, critica y menosprecia el acento del castellano del “chato o chino” de la tienda sin darse cuenta de lo patético, estúpido e ignorante de su burla, ya que no es su idioma natal.

El mismo borrego que cree que su identidad la hace vistiendo con ropas de marcas, mismas que muchas veces compra en ofertas y las cuida cual túnicas. Que compra la apariencia comprándose un café de altos precios, café sacado de esta tierra y trabajado por guatemaltecos pero vendido al exterior y regresado por una trasnacional para cobrar mucho a los clientes y pagar poco a los empleados.
Ese mismo que cree que los derechos humanos son babosadas, que hay que matar a todos los cacos con mano dura. Aquel que en las urnas elige esa mano dura inexistente en la actualidad y ya propuesta y fracasada en antaño, el que se aburre con temas sociales como la memoria histórica, argumentado máximas de “profunda sabiduría” tales como: “eso ya paso, dejen el pasado de una vez por todas”. Ese mismo que quiere una dama en la calle pero una leona en la cama, la misma que quiere tener un príncipe azul para servirle la comida, cuidar a sus hijos, y así, ser “una gran mujer”.

El mestizo que niega su ascendencia indígena y fanfarronea de forma casi epiléptica su ascendencia europea, casi siempre falsa. El lambiscón de su jefe, el fanfarrón en el “moll” donde pasea mucho y compra poco, aquel que es incapaz de andar sin localizador un par de horas, pues el aparato lo maneja a él, lo ha idiotizado.

El que se mete coca por la nariz (coca sí, mota no: la coca, según él, le da estatus). El peón que siente una sensación similar al orgasmo cada vez que puede lucirse hablando inglés o mezclar éste con el castellano para formar un acentuado, prepotente, molesto y mal pronunciado “spanglish”. La silueta consumista, alienada, enajenada. El que lleva el estiércol de haber cambiado su autenticidad, pegado a cada una de sus zapatillas de ejecutivo en proceso. A ese mestizo que no extiende la mano, que dice “huevones, pobres, shucos, hippies peludos, huecos, putas” etcétera, por llevar siempre a su amigo inseparable: el prejuicio. Aquel guatemalteco que no sabe ni le interesa el significado de la palabra humanismo, solidaridad y conciencia, lastimosamente, lo veo todos los días por las calles de esta ciudad.

viernes, 19 de abril de 2013

Manifiesto a la actual sociedad guatemalteca

por Sergio Castañeda

Somos un opio narcótico que duerme la memoria histórica a la hora y fecha de ir a las urnas, aquellos pretenciosos mestizos tan clasistas y tan racistas, alienados y enamorados de la blancura aria. Esos mismos que expresamos el amor oportunista hacia la cosmovisión de nuestros antepasados, la ancestral cultura maya de la que nos recordamos y damos su debido espacio sólo cada vez que hay Baktún.
Y es que el oportunismo lo sabemos manejar de forma exquisita, pues no hace mucho parecíamos una sociedad anti-racista; eso sí, solamente duró un momento y fue cuando un “hombre de maíz” hizo historia en el deporte; ahí sí recuerdo que articulamos con algarabía y honrosamente “que todos somos guatemaltecos”, aunque muchos hubieran preferido un héroe de tipo hollywoodense. Recuerdo la noche que lo recibimos masivamente en su regreso al país, aunque semanas antes de su hazaña muchos hubieran preferido que no lo dejaran ingresar a alguna discoteca o café de moda; y seguramente lo hubieran visto raro, como extraviado, incluso como intruso, en un tal Paseo Cayalá.
Somos los miles de jóvenes envenenados e idiotizados por las diversas marcas anglosajonas y los ostentosos centros comerciales (los malls, para los aficionados al spanglish),  que no son más que palacios de pomposidad para posar nuestras gordas, chatas o largas narices en las vitrinas, como todo buen espécimen sumergido en la menuda cultura MTV. Somos también una desordenada y jardinizada ciudad del futuro, aunque también nos sorprenden agujeros en la tierra que se tragan a casas y personas.
Somos los que endiosamos en sobremanera, como un ídolo intocable, a un cantante Pop que ahora bebe su dañina Pepsi y sufre una metamorfosis ideológica. Somos la nueva tendencia fashion-excluyente como nuevo folklore del centro histórico de la ciudad.  También somos la fiel afición que paga, brinca, grita y se ilusiona en los partidos de la “Sele”, mientras que estos no responden a esa pasión, amañan partidos y aún así quedan eliminados, como de costumbre, de la justa mundialista. Somos esas clases segregadas, egoístas, indiferentes. Somos las clases modestas y esa peculiar llamada clase media, esa misma que es tan amante de las ínfulas, los prejuicios y las apariencias. Somos los fieles corderos, trabajadores autómatas, sirvientes de la hermética cúpula de poder guatemalteca. Y sí, por supuesto que somos la sabrosa mordida que da de comer a la autoridad corrupta que se ampara en una placa, en uniformes nuevos y en un arma de fuego. Y ahí estamos, tan acostumbrados observamos a algunos niños que ya forman parte de la “eitin” o la salvatrucha, rifando conflictos sin sentido por esa violencia heredada y alimentada por la sistematización económica y social. ¿Y cómo olvidarnos que también somos esos machos y esas hembras que reivindican el rupestre machismo cotidiano?
Somos la ciudad capital guatemalteca con sus barrios enjaulados, con seguridad privada; sí, esos barrios privados que inyectan a los chicos la paranoia ante lo que les espera afuera. Esos padres que orientan a sus nenas a que se “busque un ejecutivo con pisto” y a su hombrecito “una mujercita que sepa cocinar… y canchita, pa’ mejorar la raza”.
Somos el vómito producido por cebada fermentada en levadura y enlatada como identidad y orgullo patrio “100% nacional”. Somos adolescentes alienados y fanáticos de la belleza vendida en occidente, acentuando ese torpe spanglish de la cultura que  invita a las adolescentes a una terrible anorexia. Somos donadores del voto al “menos peor” cada cuatro años, somos 36 años de balas, fuego cruzado y no aprender; e incluso, olvidar.
Somos aquellos egoístas que no voltean a ver al prójimo ni cuestionan nada de las problemáticas del país, y que, por supuesto, ni se preguntan cómo promover ideas de cambio. ¿Y para qué?, si ya hemos comprado el nuevo I-Phone. Somos los que celebramos que un tipo armado mate a un delincuente por el robo de un simple teléfono celular y vemos en eso un acto loable y no un asesinato. Y es que somos Los “chapines” (¡pero vaya término!) brutos que priorizamos el derecho de la libre locomoción ante el derecho inalienable de la vida. Somos un caso bien simpático y jodido, pero cómo negar todo aquello que se es.
Aclaro, querido lector, que no es mi afán ofender a nadie; pero te pregunto: ¿vos sos, o no sos?

martes, 12 de marzo de 2013

Profecía


El mercenario escarlata del olvido reirá gozoso / se dopara con placenteras dosis de prejuicios /eyaculará autómatas, eyaculará despotismo, danzará en frenesí reprimiendo el aprendizaje del vecino / mientras la menuda dignidad será machacada, / comprimida, abollada / y entretanto; todo olerá a mierda.

Los comerciantes venderán estiércol en ofertas, / enlatarán defecación y así lucrarán / otros; realizaran bailes de heces, / pronunciaran palabras sin sentido, / expondrán vitrinas pomposas de excreción / juguetearán a ser los falsos mesiánicos de occidente / con su suavidad rubia y su belleza blanca / ¿y cómo no? Si la presentarán como una desnuda hembra, / tan bella, tan cálida, tan superior, tan aria, tan nazi.

Se alzarán los santos ídolos de la pantalla, / delirantes embajadores de la imposición / pedagogos astutos del control mental, / jugarán a las marionetas con las masas / esos mismos superfluos de la falsa belleza / asistentes honrosos de los modernos escenarios / donde rinden culto al desdén de la ostentación / y hacen llorar melancólicamente / a sus seguidores, por aquello inalcanzable.

La metanfetamina terrorista controlará / agarrándote las bolas y colocando un bozal / a prueba de cualquier crítica o reclamo / que desees escupir y entonces, solo entonces, / cuando se queden dentro tuya las arañas / violetas de la rebeldía, cuando no puedas / gargajear el escupitajo negro y sublime del desahogo / cuando tus labios expulsen grillos sin sonido / te sabrás víctima, cabreado y oprimido, / y con una sonrisa malévola te sabrán / esclavo y enajenado sufriendo una implosión / permanente dentro de tu espíritu.

 Te promocionarán sus doctrinas y las recibirás / con los brazos y las piernas abiertas y aportarás / a que la herencia crezca precozmente / con discursos desde / el hogar, en el cuarto y el comedor, / en el convivio y en el cañoneo exterior / de cada esquina, / de cada vitrina, en cada comercial, / en cada baile, en cada melodía y será tarde, / estúpidamente tarde para acudir al sollozo del niño / y las nubes negras se harán presentes / y el autoritarismo orinara de risa / y los indignos eyacularan de placer / y el silencio y la censura danzarán puerilmente / y la melancolía llorará sola, / tras ese disparo, / que irá contra la humanidad entera.